Conversar: una necesidad urgente y prioritaria de la sociedad argentina

Las crisis argentinas son recurrentes desde hace largas décadas y se han producido bajo gobiernos de distinto signo. Son determinantes para ello problemas de indudable gravedad que no logramos resolver como la magnitud de la pobreza, la corrupción sistémica, la imposibilidad de estabilizar un proceso de crecimiento y la de consensuar mínimas políticas de Estado en temas cruciales como la educación, la salud, la seguridad, el trabajo y reglas básicas estables en materia económica que permitan desarrollar las actividades con un razonable grado de previsibilidad.

Lo habitual es la confrontación, la falta de respeto por la diferencia o, directamente, la descalificación de quien piensa distinto. Esto se acrecienta aún más en años electorales como el presente.

Hay, en paralelo, una notable falta de apego a la Ley que nos acerca a una peligrosa anomia. Un elevado porcentaje de la sociedad no confía en los poderes del Estado ni espera de la Justicia una resolución fundada y razonable de situaciones conflictivas. La dirigencia política, económica y social afronta, igualmente, un fuerte desprestigio.

Nada de esto es novedoso pero, sin duda, este cuadro de situación debe preocuparnos e impulsarnos a encontrar caminos aptos para encarar problemas cuya gravedad y urgencia sería absurdo e irresponsable ignorar. La crisis actual puede potenciarlos y generar riesgos aún mayores, para las personas y también para las instituciones democráticas que, más allá de sus falencias e insuficiencias, siguen garantizando la mejor forma de convivencia posible y acerca de cuya plena vigencia sí existe consenso generalizado.

Necesitamos generar, cuanto antes, espacios para un encuentro democrático. Ante la crisis las grietas se hacen cada vez más profundas y peligrosas. También se abren espacios para propuestas autoritarias que, sin importar el signo político que invoquen, cuestionan la democracia y la vigencia de la Constitución.

Sin reglas claras y consensos en los temas más urgentes, el año electoral sólo puede potenciar las diferencias, ahondar los problemas y alejarnos de las soluciones. En ese contexto, el resultado de las elecciones, cualquiera que sea, no será suficiente para enfrentar la compleja situación que arrastramos hace décadas.

Cada persona, cada institución pueden asumir un rol activo en este desafío que nos interpela y nos demanda ser protagonistas.

Por ello, invitamos a iniciar una Conversación Nacional, multiplicada a lo largo y ancho del país, en la cual participen todas las ciudadanas y ciudadanos que tengan la predisposición a ser parte de un verdadero cambio cultural, integrantes de organizaciones empresarias, sindicales, sociales, funcionarios e integrantes de las diversas fuerzas políticas, sin exclusiones ni limitaciones.

Podemos y debemos conversar con transparencia, sinceridad y responsabilidad para lograr acuerdos mínimos en un marco de fuerte y decidido compromiso con el Estado de Derecho.

Los que firman:

Agustín Salvia, Aida Kemelmajer, Jorge Fontevecchia, Norma Morandini, Federico Pinedo, Soledad Silveyra, Santiago Kovadloff, María Angélica Gelli, Julio Bárbaro, Marta Oyhanarte, Sergio Berensztein, Cristina Calvo, Eduardo Fidanza, Sonia Abadi, Daniel Sabsay, María Eugenia Estenssoro, Juan José Campanella, Diana Cohen Agrest, Alejandro Fargosi, Hugo Wortman Jofre, Teresa Anchorena, Facundo Gómez Minujin, Carolina Biquard, Carlos March, Silvia Uranga, Carlos Gabetta, Oscar Oszlak, Horacio Cao, Claudio Ferrari, Carlos Rottemberg, Alberto García Lema, Daniel Marx, Norberto Rodríguez, Jorge Sigal, Teodoro Kreckler, Alejandro Drucaroff, Daniel Roggero, Alfredo Popritkin, Ricardo Hara, Ricardo Guibourg, Ezequiel Nino, María Pagani, Gabriel Griffa y Carlos Reussi Braga.



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