Entrevista "Estamos viviendo una pauperización de la calidad democrática a nivel global" Hauke Hartmann, experto de la Fundación Bertelsmann Stiftung

 

Entrevista

"Estamos viviendo una pauperización de la calidad democrática a nivel global"

Hauke Hartmann, experto de la Fundación Bertelsmann Stiftung, analiza  el último informe de la institución sobre el deterioro de los sistemas democráticos y la instalación de autocracias.

 

El politólogo alemán, Hauke Hartmann, analiza la situación de las democracias en Latinoamérica. (Fernando de la Orden)

Con la puntillosidad del académico alemán, Hauke Hartmann desglosa pacientemente el deterioro del sistema político tradicional y las malformaciones que van surgiendo. Este doctor en Historia, y politólogo de larga experiencia, es uno de los expertos de la fundación Bertelsmann, que anualmente realiza un estudio (BTI) sobre calidad democrática, fortalezas y debilidades del sistema. El informe del 2018 refleja crudamente la crisis en todos sus aspectos, especialmente la inescrupulosidad de algunos gobernantes para mantenerse en el poder. Harmann, un defensor de las virtudes de la democracia, reafirma el peligro de las autocracias, que vienen creciendo en Latinoamérica, Africa del norte e inclusive en algunos sectores de Europa.

El doctor Hauke Hartmann, experto de la Fundación alemana Bertelsmann. (Fernando de la Orden)

El doctor Hauke Hartmann, experto de la Fundación alemana Bertelsmann. (Fernando de la Orden)

 

¿Qué muestran los índices de gobernabilidad?

Hace más de 12 años que vengo trabajando en el BTI (informe anual de Bertelsmann) y estos han sido los peores resultados que hemos tenidos. Una de las tendencias más preocupantes, y que hemos visto que se ha ido empeorando en los últimos años, es el aumento de los conflictos. Lo más preocupante de todo esto no está tanto en los conflictos armados que se ven en algunos países, sino más bien en los de intensidad media, con enfrentamientos étnicos, religiosos o políticos. En este caso el conflicto no llega a estallar en violencia armada, pero está presente. Lo que nos preocupa en cuanto a la gobernabilidad es que las autoridades de esos países no están siendo capaces de controlar o moderar esos conflictos. De los 129 países que analizamos, 72 han empeorado en este sentido.

¿Cómo se da en Latinoamérica?

Si tomamos Latinoamérica, uno ve por supuesto un aumento de conflictos violentos en México y Venezuela. En ambos se ve como aumentó la violencia. También se ve que bajó en Colombia. Pero esto no es representativo de lo que está pasando a nivel general en América Latina. En países como Brasil y Honduras, por ejemplo, no llega producirse ese nivel de violencia, pero los niveles de confrontación están generando serias dificultades de gobernabilidad. El tema es que los gobiernos están demostrando que por diferentes motivos -falta de capacidad, de interés o, incluso, de un uso oportunista de este tipo de conflictos- no están logrando solucionarlos. Esto tiene una correlación directa con la calidad de la democracia, con la capacidad de construcción de consenso. Una cosa termina afectando la otra.

Se podría decir, entonces, que estamos sufriendo una caída significativa en la calidad de las democracias

Sí, es así. Venimos viendo a nivel global una pauperización de la calidad democrático, en todos los indicadores. Y lo difícil, cuando uno observa las variables, es poder identificar los motivos globales que están llevando a ese tipo de situaciones. Esto es uno de los motivos por el cual distinguimos entre gobiernos autocráticos y democráticos. Lo que hemos visto en el último BTI es que son los gobiernos autocráticos los que se están blindando, los que generaron una mayor dificultad para el cambio. Un ejemplo puede ser lo que ocurrió con la Primavera Árabe, que llevó a que muchos países vecinos dijeran no queremos esto aquí. O el caso de la crisis en Ucrania. Y eso es algo que dificulta la posibilidad de transformación de los países en general. Lo que sí está claro es que los indicadores de democracia han venido decayendo, incluso en los países considerados democráticos. De hecho se puede citar el caso de Nicaragua, que pasó de un gobierno que se puede considerar democrático a uno autocrático. Es uno de los cinco que tuvo esos cambios en los últimos meses. Los otros son Polonia, Hungría, Turquía y Uganda. Por supuesto, Venezuela está hace tiempo en esa situación.

Hauke Hartmann remarca que hay un deterioro en la calidad democrática en los últimos años. (Fernando de la Orden)

Hauke Hartmann remarca que hay un deterioro en la calidad democrática en los últimos años. (Fernando de la Orden)

 

¿Cómo se manifiesta ese deterioro democrático?

Hay principalmente dos criterios responsables de eso. Una es la erosión de los derechos de participación política, lo que significa peores elecciones, violaciones a la libertad de prensa y restricciones a la libertad de reunión y asociación. Por otro lado, hay una erosión del estado de derecho, que se ve a menudo en regímenes populares autoritarios, y eso significa que los controles y contrapesos dejan de funcionar. Se atenta contra la separación de poderes, hay menos protección de los derechos civiles. La independencia de la justicia es una de las primeras cosas que los regímenes autoritarios intentan atacar. Atacan a la Corte Suprema y todos los cuerpos de supervisión independientes, como las defensorías o las agencias anti monopolios o anticorrupción. Lo que significa, concretamente, que la erosión de la participación política y del estado de derecho son los responsables del deterioro de la calidad democrática.

¿Cuáles diría que son las causas que llevan a este empobrecimiento de la democracia?

Es difícil encontrar los motivos cuando uno lo mira globalmente. Pero cuando empezamos a acercarnos a las regiones podemos ver con un poco más de claridad algunos elementos. Por ejemplo, el caso de Europa central, del Este y del Sur. Allí se ve un desencanto de la población, una decepción por la situación que viven. Eso, agregado al hecho de que empiezan a ver grandes índices de corrupción, hace que surjan conflictos. Es muy similar a lo que está sucediendo en América Latina. El hecho más paradigmático es el de Brasil, al que denominamos el “síndrome brasileño”. Se sacó a 30 millones de personas de la pobreza, pero esa gente, más los que están en la fila, siguen pidiendo mejoras. Ya salieron de la pobreza, pero ahora quieren una educación de mejor calidad, una salud de mejor calidad, un transporte eficiente. Pero cuando ven que esas demandas no son satisfechas en los tiempos que ellos consideran adecuados, comienzan los conflictos.

¿Cómo reaccionan las élites gobernantes frente a esto?

Lo que se ha visto muchas veces es que llegan al poder líderes nuevos, y lo hacen a través de las protestas políticas, de las denuncias contra los escándalos de corrupción. Muchos de ellos llegan con planteos populistas, ejerciendo atracción con medidas populistas, y luego quieren quedarse en el poder, permanecer en el poder. Ahí lo que detectamos es que la manera para quedarse en el poder en un régimen democrático es básicamente reduciendo la calidad democrática. Se puede ver, por ejemplo, el caso de Hungría y Polonia, donde las élites gobernantes están buscando minar el estado de derecho, empiezan a presionar a la Justicia, a la Corte Suprema. Y esto es algo que también se vio en la Argentina, donde, por ejemplo, cuando los números no daban se intervino el Indec. Pero le diría que es algo global. De hecho uno puede verlo con Donald Trump en EE.UU., el Brexit en Gran Bretaña o lo sucedido en Italia.

¿ Cuál es el peso que tienen las fluctuaciones económicas?

Hay países donde hay una correlación directa entre la caída de la calidad democrática y el valor de los commodities, por ejemplo. Esto sucede porque los gobiernos se ven más imposibilitados de responder con fondos a ciertas demandas de la sociedad, a calmar ansiedades, y se ven obligados a aplicar ajustes. Esto es algo que se registra en Latinoamérica y Africa Central, donde por una caída de los commodities o un enfriamiento global han visto que no tienen los recursos para calmar estos reclamos sociales.

Si uno toma estos resultados, da la impresión de que se están disolviendo las fronteras ideológicas

Sí, claro. Esto es algo muy importante, que me gustaría remarcar. La población demanda respuestas generales, concretas. Algunas de ellas pueden vinculares a la idea tradicional de izquierda, pero otras a sistemas más conservadores. Los pueblos están pidiendo instituciones fuertes, que la justicia funcione, que haya transparencia, reglas de juego claras y estabilidad económica. Pero al mismo tiempo piden justicia social, equidad, transparencia en los gastos públicos Son demandas generales, que bien pueden representar a ambos sectores. Para nosotros existen gobiernos, como es el caso de Uruguay, Brasil (con Lula y Dilma) o Costa Rica, que han tratado de ir por el camino intermedio dando respuesta a esa demanda de la sociedad con un éxito relativo, teniendo en cuenta que tuvieron períodos con un fuerte impulso de la economía global.

Estos cambios de tendencia, no los llevan a replantearse la manera de interpretar lo que sucede en los países

Es una buena pregunta. Pero le digo rotundamente que no. Al contrario. Esto refuerza nuestra postura porque nosotros no nos quedamos sólo con algunos indicadores como elecciones libres, o cuestiones de derechos humanos, sino que vamos a buscar factores como estabilidad, el uso de la fuerza o factores que ayudan a la consolidación de los cambios. También como se trasladan las aspiraciones de la sociedad civil a políticas públicas efectivas. O como funcionan los partidos políticos. Eso es lo que permite ver cómo se dan estas tendencias en la sociedad y cómo se articulan. Le cito como ejemplo la Primavera Árabe, donde si uno lo ve sólo desde el punto de vista político no debería haber cambio en ningún sentido. Sin embargo, se estaban dando cambios sociales, económicos que, en definitiva, fueron los que impulsaron las protestas que llegaron al aspecto político.

Qué muestran los datos del informe sobre Argentina?

Podría decirse que la evolución de los últimos años de Argentina están perfectamente descriptos por una “U”, donde en una punta está Néstor Kirchner y en la otra Mauricio Macri, y en el medio una declinación permanente en materia de instituciones democráticas, transparencia y bienestar económico. Claro, todavía el gobierno de Macri no ha llegado a los niveles que tenía Néstor Kirchner en su mandato, y por eso me sorprende la capacidad del gobierno actual de construir consenso, y la paciencia del pueblo argentino para esperar que los resultados lleguen.

¿Cómo se conjuga eso con la crisis que vive el país?

Teniendo en cuenta lo que pasó en los dos primeros años de Macri, que hubo un enfriamiento d e la economía, inflación alta, apertura de mercados que seguramente perjudicaron a pequeñas empresas locales, tendría que haber perdido las elecciones legislativas. Sin embargo las ganó. Eso ocurre porque la gente ve que este gobierno está tratando de encontrar ese camino intermedio de realizar reformas de mercado -vinculadas a lo que se considera la “derecha”-, con un componentes social muy fuerte, más referencial de la izquierda.

¿Cuáles son los países de mayor deterioro democrático en Latinoamérica?

Cuba sigue siendo el más restrictivo en la región, aunque mantiene aspectos positivas en material social que, aunque han venido declinando, conservan buen nivel. Y también en materia de estabilidad, ya que Cuba no muestra grandes fluctuaciones. Luego está el caso de Venezuela, muy cerca de Cuba en declive democrático. Pero en Venezuela se ve lo opuesto: hay inestabilidad, empobrecimiento, y no se han cumplida ninguna de las promesas que se han realizado. Luego están Haití y Nicaragua. Si uno ve las tendencia negativas en sentido general, las principales surgen en Brasil, Honduras y Nicaragua. Para mí, la más preocupante, la más dramática, es la de Brasil, porque resulta alarmante la forma en que se faltó el respeto a las instituciones democráticas (con la destitución de Dilma Rousseff).



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