Meditar todos los días y servir al otro, la fórmula de la felicidad

Personajes.

Matthieu Ricard dejó Francia y se fue a vivir al Himalaya. Ahora lo consideran el “hombre más feliz del mundo”.

Sonriente. Matthieu Ricard ayer en Buenos Aires, luego de la charla con Clarín.

Matthieu Ricard (69) prometía para ser un gran biólogo molecular en los años sesenta, de la mano de su mentor el Premio Nobel de Medicina, François Jacob, en Francia. Pero largó todo: se fue a vivir cerca del Himalaya y pasó a ser un monje budista, fotógrafo y autor de libros. Es el traductor al francés del Dalai Lama y ayuda a niños y pacientes pobres con la creación de escuelas y centros de salud en Asia. Hace meditaciones diarias, que son ejercicios para aquietar la mente, una prácticas que hicieron que su cerebro fuera objeto de estudio en los Estados Unidos. Ayer, Ricard llegó a Buenos Aires para dar una charla en “el primer encuentro de felicidad” en el Malba, organizado por Green Tara y fue entrevistado por Clarín en un living del hotel donde se aloja. Pidió solo agua e irradió alegría cada instante.

¿Qué se siente ser el “hombre más feliz del mundo” según la promoción de sus charlas?
Es una frase que años atrás usó un canal de televisión de Australia para hacer un programa sobre la felicidad. Yo considero que esto es una gran broma. En parte, está basada en un estudio que hizo el grupo del científico Richard Davidson, de la Universidad de Madison en los Estados Unidos, sobre mi cerebro y el de otros meditadores. Yo fui uno de los primeros voluntarios, y encontraron que, con las meditaciones, se activaban zonas cerebrales. Ese estudio demostró que la meditación cambia funcional y estructuralmente al cerebro. Habría que estudiar a millones y millones de personas para saber quién es el más feliz de todos. Yo soy tan feliz como muchos meditadores de cualquier lugar del mundo y edad.

¿Medita todos los días?
Es lo mejor, aunque cuando estoy de viaje se hace más difícil. Lo que hago también son retiros solitarios de meditación de tres meses en la montaña.

¿Tres meses solo?
Sí. Es maravilloso. Hago un montón de meditaciones. Siento que el mundo entero está conmigo. Todos somos interdependientes. Allí, puedo conseguir fortaleza y luego volver para estar al servicio de otros. Con la fundación que creamos en 2000, Karuna- Shechen, ayudamos a construir escuelas, y centros de salud para niños y pacientes en Tibet, Nepal e India. Recibimos donaciones a través de nuestro sitio. Es altruismo en acción.

¿Encontró que la meditación y el altruismo en acción son las claves de la felicidad?
No fui yo. Fue la bondad de mis maestros budistas, que me dieron un mapa para encontrar el camino. En 1967, vi un documental sobre la invasión china en el Tíbet, y decidí ir a conocerlos.

¿Cómo se puede evitar tomar revancha con los demás?
Querer revancha por algo que hizo otra persona es arruinar tu propia felicidad. Porque no quieres ser como tus enemigos. Es mejor perdonar y reducir el sufrimiento. Claro que perdonar no quiere decir “no importa”. Significa decir “paremos con el odio”. Porque el odio es una enfermedad de la mente.

¿Y qué pasa con el sexo?
Puede ser un camino para algunos. No es lo mismo placer que felicidad. Si algo implica celos, envidia, odios, y otras emociones negativas, hay más sufrimiento. Si implica paz, compasión y libertad, más felicidad. Hay que preguntarse cuál será el resultado.



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