Porque es lógico, las causas justas siempre triunfan… finalmente.
Mientras nos atormenta la beligerancia sin motivos de peso.
Las batallas entre opiniones, solo dividen y potencian la grieta.
Las ideas nos acercan, enriquecen, desafían y elevan.
Entonces la ética se convierte en una gran protagonista.
Se esparce en cada uno, expandiéndose hacia todos los ámbitos.


Claro… es una creencia… Un pensamiento firme.
El actual escenario exhibe múltiples formas, matices y actividades.
Desde una posición elevada contemplo el panorama nacional.
Las clasifico en muy pocos bloques, y esto observo:
Aproximadamente el 40 % trabaja con variada intensidad.
En el campo, en las ciudades y zonas aledañas.


Es el “sistema” o modo de gobernar la cosa pública en gran parte del planeta.
Por esto la decadencia predomina en la convivencia social. 
La inteligencia humana no logra superar la situación.
En nuestro país, el ejercicio del poder a través de los partidos, se hegemonizó.
Por ellos el tejido social se deshonró, más allá de las clases.
Lógicamente, los más vulnerables llevaron la peor parte. 


El fenómeno es humano y extendido en todas partes.
En cualquier Nación se gobierna sin nosotros.
La negligencia individual es la causa dominante.
Como gobernados, sumamos nuestro aporte al desequilibrio social.
En el brillante siglo de oro de Pericles, nuestro rol fue determinante.
Fue el único gobernante reelecto de la historia, por nosotros.


Hablar para sanarse y también para sanar.
La palabra es el espejo de la acción, expresaba Solón en Atenas.
Muchas palabras nunca indican sabiduría, decía Tales de Mileto.
Ambos fueron parte del legendario grupo Los 7 sabios de Grecia.
La palabra es un estímulo todopoderoso.
También separa, confunde, intoxica y enferma.


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