Liberarnos del corralito

Liberarnos del corralito

Convivimos dentro de un cerco intangible.
Más precisamente estamos sitiados por la inmoralidad.
Asistimos a un festival de acusaciones cruzadas.
Los ladrillos provienen desde cualquier lugar.
Hacen blanco impactando en el contexto público.
Las fuerzas morales colectivas son insuficientes para capear el temporal.
Peor aún, esperamos que otro haga “algo” para paliar la situación.
Ha llegado el momento de ponerse en acción.

La resolución del conflicto se producirá por lo que se genere “dentro” nuestro.
Necesitamos ética en todos los ámbitos.
Tenemos abundancia de ella en nuestra consciencia y mente.
Generar nuevos hechos y pensamientos cada jornada. De nosotros depende.
Sin ética, imposible acceder a un mundo superior.
Menos todavía, permitiendo hacer “algo” perjudicial a otros.
Podemos construir algo mejor en cada instante, actuando con ética.
Cuando seamos éticos con nosotros mismos, las cosas cambiarán.

Los muros del “corralito” son una mezcla de inmoralidad y anti ética.
Sin capital moral los pueblos continúan autodestruyéndose.
En nuestro caso la gobernanza en la que coexistimos es básicamente primaria.
Nuestro problema no es solamente moral, también es cultural.
Nos auto flagelamos. Nos pasa por no practicar acciones éticas.
Escasean las ideas y pensamientos éticos.
Por ende, facilitamos la expansión de la inmoralidad.
Incluso nos parece “normal” y algunas veces, lo justificamos.

Si la impotencia nos derrota, nuestro inmediato paso es ignorar los hechos.
Y por esto nos refugiamos en el entretenimiento o la negación.
La condición para el cambio pasa por buscar algo nuevo, refrescante.
Movilizar la voluntad hacia algo distinto, estimulante y armonioso.
El dolor social instalado en cada uno, se puede utilizar para apalancar el cambio.
Transformar la realidad, creando nuevos presentes, aquí y ahora.
La resiliencia, individual o colectiva, no falla. Es un gran motor.
Esa fuerza moviliza aunque el contraflujo parezca poderoso e invencible.

Enfrentemos la adversidad y superémosla, transformándonos.
Seamos ciudadanos. Un responsable cívico. Un Ser ético.
Innovemos con fuerza, perseverancia, templanza, madurez y criterio.
Desplacemos el masoquismo, la manipulación y la pésima vida colectiva.
Recuperemos el sentido de la vida pública y social. Es nuestro rol político.
Cada uno tiene reservas incuestionables de dignidad, honor y respeto.
Estos valores nos apartarán de la superficialidad y sus vicios.
La fortaleza espiritual neutraliza la fuerza material de cualquier naturaleza.

Desalojemos de nuestra existencia el “no te metas”.
Hagamos voluntaria y conscientemente lo que produce alegría y dignidad.
La zona de confort tiene múltiples facetas… y habitáculos.
Es una especie de “isla” en la que coexisten infinitos seres.
Mayoritariamente tienen en común conductas y comportamientos similares.
Son antiéticos…Son incapaces de promover el bienestar de otros.
Conforman un sector cultural de egoístas extremos.
Ellos no son de la partida, están auto bloqueados…

Hasta la próxima: Juan Báez



© 2018 Aristotelizar.com.ar | Todos los derechos reservados. | By ConfianzaPYME